La mató y la enterró en su casa

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En un pueblo donde nunca pasaba nada y todos se conocían, donde tampoco había casos de Covid-19, para aunque sea figurar por eso, se conmocionó con el crimen de Julieta del Pino, una chica de 19 años, quien el viernes a la noche salió tarde luego de atender el kiosco de su familia frente a la plaza principal. Le avisó por Whatsapp a su mamá, Fabiana Morón, que la esperara con la comida caliente, pero nunca llegó y su familia comenzó a preocuparse e inició la búsqueda, junto a los vecinos que se fueron sumando. La joven, que volvía en su bicicleta, al parecer fue interceptada por un amigo y compañero de trabajo de su hermano, Cristian Romero, alias “Chorizo”, quien la habría obligado a subir a su auto. Tras una intensa búsqueda, donde también hubo perros, los animales llegaron hasta la casa de romero, quien al negarse a abrirles, la policía rompió la puerta del garage y encontraron en el patio tierra removida, que fue marcada por los canes. Allí, tapado con tierra y cal, estaba el cuerpo de Julieta, la que habría asesinada, primero con un botellazo y luego cinco puñaladas. La autopsia tendrá que determinar si también fue violada. En el pueblo todos están sorprendidos por el cinismo del asesino, ya que al día siguiente fue a trabajar de albañil como si nada hubiera pasado, aunque, finalmente, en sede policial, confesó que había matado a Julieta. Según la propia mamá de Julieta, romero estaba obsesionado con su hija y la hostigaba, enviándole cientos de mensajes por Whatsapp, que la chica había optado por bloquear en los últimos días. La joven era un acérrima defensora del “ni una menos” y así lo hizo saber su mamá, en la multitudinaria marcha que se realizó ayer domingo en la plaza de Berabevú.

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